La cultura de la urgencia y los mensajes fuera del horario laboral, las principales razones que dificultan desconectar a los trabajadores en su tiempo libre
- En plena era de la hiperconectividad, un 41% de los profesionales declara que esta afecta a su bienestar. Muchas herramientas facilitan la desconexión, pero el verdadero reto está en cómo se usan y en las expectativas que se generan en el día a día
- Según Hays, la importancia de poner límites convive con modelos de trabajo más flexibles y horarios menos rígidos que no son exclusivos de las grandes corporaciones. Profesionales autónomos y pymes también sienten esta presión de estar disponibles
- El bienestar, el equilibrio personal y la salud mental ganan peso e influyen cada vez más en la toma de decisión sobre el desarrollo profesional en las empresas
Cada vez es más habitual que las comunicaciones fuera del horario laboral vayan acompañadas de disculpas o se pospongan los asuntos no urgentes, una tendencia que refleja la creciente importancia de la desconexión digital en el ámbito laboral en España. En un contexto marcado por el uso intensivo de la tecnología y el trabajo híbrido, más profesionales cuestionan la disponibilidad permanente y comienzan a establecer límites fuera del horario laboral.
Así lo confirman los datos de una encuesta llevada a cabo por Hays, líder global en selección y soluciones de recursos humanos. Hasta el 41% de los profesionales declaran que encuentran dificultades para desconectar del trabajo por la cultura de la urgencia y un 23% por los mensajes fuera del horario laboral.
Y es que, aunque el marco legal se ha reforzado, el gran reto sigue siendo cultural: cambiar mentalidades y hábitos. Muchas empresas ya aplican medidas tecnológicas para favorecer la desconexión, pero su eficacia es desigual y depende, sobre todo, de la cultura interna y del estilo de liderazgo. “Durante años se ha asociado el compromiso con estar siempre disponible. Cambiar esa mentalidad implica reaprender a trabajar y gestionar expectativas, tanto por parte de las empresas como de los propios profesionales y actualmente nos encontramos inmersos en ese proceso”, señala Fernando Calvo, director de People & Culture de Hays para el sur de Europa.
Si bien muchas empresas han avanzado en la implantación de herramientas tecnológicas que facilitan la desconexión -como el bloqueo de notificaciones fuera del horario laboral, el acceso voluntario a plataformas colaborativas o la programación de correos-, el grado de madurez es desigual y depende en gran medida de la cultura interna, además del estilo de liderazgo o características del cargo.
La no-desconexión digital no afecta por igual a todos los profesionales. Los puestos directivos y de alta responsabilidad siguen siendo los más expuestos, debido al nivel de compromiso, la presión y la cercanía con la toma de decisiones. A ello se suma un componente de motivación: cuando esta es alta, la hiperconexión se normaliza; cuando disminuye, se percibe como una carga. Además, el fenómeno no es exclusivo de las grandes corporaciones. Profesionales autónomos, pymes y algunos sectores con una relación muy directa con el cliente también viven bajo la presión de responder de forma inmediata, independientemente del horario.
Teletrabajo y flexibilidad, ¿dónde están los límites?
No obstante, esta conciencia convive con modelos de trabajo más flexibles. La expansión del teletrabajo tras la pandemia aceleró los límites de las fronteras entre lo profesional y lo personal. Este cambio ha puesto sobre la mesa la necesidad de establecer límites claros para evitar el desgaste emocional y el agotamiento. “Incluso cuando el trabajo gusta, la falta de barreras acaba pasando factura. Es en ese punto donde aparecen el burnout y la desconexión emocional”, apuntan desde Hays.
Sin embargo, muchos profesionales valoran poder adaptar sus horarios para conciliar mejor, lo que implica, en ocasiones, trabajar a horas poco convencionales. En este contexto, la hora deja de ser el elemento central y gana peso la expectativa de respuesta inmediata, lo que puede generar contradicciones y nuevas situaciones en los que algunos trabajadores pueden sentirse no del todo cómodos. “Programar los correos electrónicos en horarios convencionales puede ayudar a que estos diferentes modelos de trabajo puedan convivir en armonía”, añade Calvo.
Desconexión digital y marca empleadora
El modo en que las empresas gestionan la desconexión digital tiene un impacto directo en su reputación como empleadoras. Cada vez más profesionales valoran el bienestar, la salud mental y el equilibrio personal como factores decisivos para elegir o mantenerse en un empleo.
“La sociedad ha evolucionado y el profesional de hoy no es el de hace décadas. Se espera que el trabajo conviva con una vida personal plena y que la conciliación sea una realidad tangible. El debate no debería centrarse únicamente en cuándo se envía un mensaje, sino en qué se espera del receptor y en la cultura que se construye alrededor de esa comunicación”, señala Calvo. Gestos cotidianos -como oficinas que se vacían a última hora, líderes que concilian o culturas que respetan los tiempos personales- pesan cada vez más que las políticas escritas.
El reto, según Hays, estará en convertir ese tiempo ganado en mayor calidad de vida y no en una nueva forma de hiperconexión. Porque, más allá de leyes o protocolos, la desconexión digital sigue siendo una cuestión de cultura, expectativas y de cómo entendemos hoy el compromiso con el trabajo y con nuestra vida personal, además de un elemento clave para la sostenibilidad del talento a largo plazo.
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