Artículo de opinión

EL MOMENTO DEL CAMBIO:
CUÁNDO HAY QUE PLANTEARSE UN GIRO EN LA CARRERA PROFESIONAL DE UN ABOGADO

Al finalizar la carrera universitaria y empezar la andadura en el mundo laboral, uno tiene una idea sobre cómo quiere que sea su trayectoria profesional. El paso de los años y las diferentes circunstancias, hacen que el resultado final sea muy diferente a la idea, un poco utópica que se tiene al abandonar las aulas, sin que ello sea algo negativo ni un fracaso, sino todo lo contrario.

En el caso de los licenciados en Derecho, la mayoría de los abogados nóveles sueñan con entrar en un gran despacho y hacer carrera hasta convertirse en socios, la meta final. Sin embargo, durante el recorrido, hay varios condicionantes que nos pueden hacer plantear la necesidad de un cambio de trabajo antes de haber alcanzado nuestro objetivo inicial. Generalmente, la primera idea de cambio aparece en torno al período en que se suman de tres a cinco años de experiencia. Empezar en un gran despacho permite aprender, curtirse y crecer rápidamente, puesto que cada año se revisa la categoría y el sueldo. Up or out es la consigna, y si un abogado no asciende algún año significa que se encuentra ante un tope y toca plantearse un cambio.

Los primeros síntomas que nos pueden hacer pensar en virar el rumbo y cambiar de trabajo es el deseo de centrarnos en un único cliente, para poder profundizar más en el conocimiento de un único sector. A ese motivo se le puede sumar las ganas de gestionar los proyectos de principio a fin, teniendo una visión más global de nuestro cometido a largo plazo y de la estrategia general. Además, hoy en día se está dando cierto cambio de paradigma, ya que las nuevas generaciones de abogados valoran cada vez más su tiempo libre. Son ellos los que están liderando un cambio hacia un mayor equilibrio y conciliación entre la vida profesional y personal. Esas son las primeras señales de que toca plantearnos un cambio de empleo para seguir con nuestra carrera profesional.

En algunos casos, el gusanillo del cambio no aparece hasta pasados los diez años de carrera cuando, por un motivo u otro (políticas muy estrictas dictadas desde la matriz internacional, si hay muchos abogados en la misma categoría, o si en nuestro departamento ya hay muchos socios), la oportunidad de llegar a socio se nos escabulle y parece tan lejana como al principio. Es entonces cuando se decide cambiar de trabajo, normalmente a empresa, ocupando un cargo de dirección jurídica de alguna multinacional o pyme que cuente con departamento legal propio.

Hay que tener en cuenta que los motivos del cambio nunca suelen ser económicos, ya que en un despacho grande el salario se revisa cada año, un crecimiento no tan común en las empresas, donde los ascensos e incrementos salariales son más sostenidos. Incluso se puede dar el caso de que al cambiarnos, aceptemos una pequeña bajada salarial a cambio de las ventajas que aporta la nueva posición en una empresa: menos horas de oficina, con un trabajo más centrado en el cliente, lo que permite tener una visión más global y de largo recorrido de nuestro cometido y la estrategia que se llevará a cabo. Pero, sobre todo, el motivo principal del cambio es la oportunidad de comenzar una nueva etapa profesional que aporte tanto nuevos retos profesionales como nuevas formas de trabajo, que puedan llevarnos al ansiado equilibrio entre el mundo profesional y el de ocio. Y eso suele superar nuestras mejores expectativas.

 

Consultora Senior de Legal en Hays

Publicado en Legal Today

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