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COMO RENUNCIAR A TU PUESTO

En la sociedad de hoy en día, en la que el trabajo no está garantizado de por vida, el hecho de dar un preaviso es algo a lo que mucha gente está acostumbrada.

Pero como ocurre con la mayoría de las cosas, hay maneras correctas y erróneas de afrontar la situación. Cuando se trata de renunciar, hay un protocolo a seguir para asegurarse el éxito y una transición sin problemas.

El protocolo correcto

En un mundo ideal, renunciar a tu trabajo sería algo agradable y sencillo. Tu jefe sería comprensivo, apoyaría tus necesidades y no surgirían malos sentimientos. La realidad es que a muy pocos empleados se lo ponen tan fácil.

La forma en que planteas tu renuncia tiene un impacto en tu carrera. Cumplir el protocolo puede llevarte lejos a la hora de asegurar confianza conforme se desarrolla tu carrera, mientras que enfocarlo de manera equivocada podría ser perjudicial para tu futuro inmediato. Después de todo, una buena referencia no sólo es valiosa sino vital.
Una vez que hayas tomado la decisión de renunciar, tu tarea más urgente es informar a tu jefe. Una carta de renuncia es la manera formal de comunicar tu decisión y funciona como documento legal, en el que se indica la fecha desde la cual deseas que comience tu período de preaviso.

Informar a tu empresa

Cómo escribas tu carta depende de las circunstancias de tu marcha. Una carta sencilla de renuncia debería incluir los datos de la persona a quien se dirige, el preaviso de finalización del empleo, desde cuando es efectivo y tu firma.

Si te marchas manteniendo una relación cordial, o lamentas dejar atrás buenos amigos y compañeros de trabajo, puede que quieras añadir un par de frases extra agradeciendo a tu jefe las oportunidades que te han sido ofrecidas y expresando tu pesar. Un toque de sentimiento, formulado de manera concisa, puede llegar muy lejos y no cuesta nada.

Por otro lado, si tu renuncia se da como resultado de condiciones de trabajo adversas o, peor, un choque de personalidad con tu jefe u otro compañero, puede resultar peligroso entrar en detalles.

Simplemente expón fríamente tu intención de renunciar. No hay necesidad de dar detalles. Recuerda, la carta tiene un solo propósito: informar a tu empresa de la fecha en que deseas dejar tu empleo. Redáctala de manera simple y directa. No reflejes tu amargura sobre el papel.

¿Cómo se lo digo a mi jefe?

Has tomado la decisión de buscar nuevos horizontes, y has escrito la carta que notifica legalmente a tu jefe tus decisiones. ¿Cómo te sientes?

No es extraño experimentar una mezcla de emociones. La culpa es a menudo la primera; “¡Van a pensar que les abandono!”. Luego viene la ansiedad. Imaginas el momento en que le dirás a tu jefe que te vas y tratas de visualizar su expresión y reacción. ¿Cómo me tratarán durante el período de preaviso? ¿Y si tratan de convencerme de que me quede? ¿Y si no lo hacen? Puede que te sientas triste por los amigos que dejarás atrás.

La realidad es que la mayoría de la gente (incluso tu jefe) en algún momento de sus vidas se habrá visto en tu situación. A pesar de que puedes haber sido un miembro valioso del equipo, la empresa no se va a hundir si tú te vas. No eres la primera persona que deja la empresa y no serás el último, así que no te tortures por ello.

Nunca hay un momento idóneo para renunciar al puesto. Simplemente utiliza el sentido común y tu propio criterio:

  • Sé confidencial, tu jefe apreciará ser la persona que decida a quién más comunicárselo, cómo y cuándo dar la noticia.
  • Busca el momento apropiado para ver a tu jefe; justo el momento anterior a dar un discurso ante la mesa directiva NO es un buen momento.
  • Ten seguridad en tus razones para marcharte, si es necesario repásalas.
  • Si no quieres revelar a qué empresa te cambias, tienes todo el derecho de no declarar tus intenciones.
  • Estate preparado para una reacción negativa, incluso el enfado. No le des importancia, haz oídos sordos y vuelve a exponer los hechos simple y claramente. Recuerda, sólo estás renunciando; el shock inicial pasará.
  • Si existen probabilidades de que haya un período de traspaso de funciones a un colega o una persona nueva, asegúrale a tu jefe que vas a cooperar y mostrar tu ayuda. No seas negativo.
  • Recuerda tus razones para marcharte, adopta una postura firme con respecto a las mismas.

Piénsatelo dos veces

Pero ¿renunciarás o no? No es demasiado tarde. Piensa largo y tendido antes de tomar tu decisión final. Pregúntate a ti mismo: ¿Realmente éste es el trabajo adecuado para mí? ¿De verdad quiero marcharme?

Es crucial sentirse completamente seguro de que se está haciendo lo correcto. Puede que te satisfaga la perspectiva de una contraoferta, pero ¿qué pensará tu jefe de ti ahora? Deslealtad, motivación económica, indecisión… son palabras que vienen a la mente. Antes de decidir, piensa un poco sobre estos puntos:

  • ¿Cuáles son los pros y contras de tu trabajo actual? ¿Y del nuevo?
  • ¿Has agotado todas las posibilidades de progreso dentro de tu empresa actual?
  • ¿Te marcharías si te ofrecieran más dinero o te promocionaran?
  • ¿Qué dice tu corazón? ¿Qué dice tu cabeza? Escucha a tu cabeza.
  • En primer lugar, vuelve a pensar tus motivos para buscar otro empleo. ¿Qué te hacía infeliz? ¿Pueden cambiar esas circunstancias?
  • No te dejes influir por comentarios maternales de amigos o familia como “Pero tienes un puesto tan estable…” o “Piensa en la polución de la ciudad, no es bueno para tu salud”
  • No te sientas disuadido imaginando a la gente diciendo “No sería lo mismo sin ti” o “Tenía pensado promocionarte el próximo trimestre”

Sé positivo y no subestimes tus capacidades. Si tienes objetivos y ambiciones, no dejes que los pensamientos negativos sean un obstáculo. Es importante recordar que los trabajadores pasamos una media de 8 horas al día en la oficina. Eso son 40 horas a la semana ¡por no hablar de las horas extra!.

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