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DOS MEJOR QUE UNO

«A mí me daban dos», que decían hace una década los anuncios de Danonino, esos pequeños yogures de fresa y otros sabores antes conocidos como Petit Suisses. Aquellos niños a los que sus madres y padres duplicaban la ración diaria, crecían, saltaban y corrían más que los demás; eran más guapos y hasta más inteligentes, para disgusto de los que se tenían que conformar con las apenas tres cucharadas que duraba una única porción de la exquisitez infantil. Y todo gracias a 55 gramos extra. Aquí las cantidades no son exactamente las mismas, más bien se miden en años y en el esfuerzo empleado, pero no es menos cierto que el mundo laboral mira con esos ojos de «niño extraordinario» a quienes se presentan con un doble grado bajo el brazo.

Y qué mejor momento que ahora, recién terminada la antigua Selectividad, hoy PAU, en toda España y con los chavales esperando sus notas de corte para analizar las posibilidades que ofrece esta fórmula. Y es que la opción, que en un principio se puede ver como algo difícil de superar o una carga de trabajo demasiado pesada, se termina convirtiendo en un desafío y en el punto de inflexión de un candidato a la hora de encontrar un futuro.

Es la diferenciación con el resto. «Te pone por encima de la media», dice, del lado de las empresas, Noelia de Lucas, directora de Comunicación de la compañía de selección de personal Hays. Ella tiene muy claro que esta doble vía abre de par en par las puertas del mercado respecto a los competidores. Cambiando el esfuerzo por las posibilidades reales.

¿Por qué? En primer lugar, por el motivo evidente de que si te cultivas en dos áreas diferentes, las posibilidades se multiplican y porque al «alternar permanentemente las materias y al interrelacionar los conceptos de diferentes grados» se consigue aquello que se deberá llevar a cabo en un entorno laboral competitivo, desarrolla Patricia Font, profesora de Derecho Tributario y directora del doble grado en Dirección de Empresas y Derecho de Esade.

Como se demuestra, el futuro profesional se aclara de una forma notable, sin embargo, salta el debate de por qué no apostar por lo que a uno realmente le gusta en vez de ceñirse a las demandas de las compañías. Para De Lucas la opción está clara y reclama un acercamiento del sector educativo hacia las empresas para «formar a gente empleable» en detrimento de acumular a gente parada que proviene de ramas sobre explotadas que no admiten la absorción de más personal, principalmente de Humanidades. Y como apoyo a sus palabras muestra una encuesta en la que la mayoría de personas que se arrepiente de sus estudios proviene de esta área, lo que ocurre raramente en las ingenierías y otras carreras técnicas con un paro muy inferior. Sin desmerecer los casos vocacionales: «Si tienes una ilusión y vas a ser el mejor en algo, ve hacia adelante», concluye.

Además de las peticiones del mercado, las carreras dobles tienen otro factor muy a su favor desde el punto de vista de la Universidad como institución al requerir una inversión relativamente pequeña. Así se explica que en los últimos años se hayan disparado las ofertas. Tanto es así que se han convertido en poco menos que las joyas de la corona de los centros, llegando en el curso que acaba de terminar a ocupar cuatro de las cinco titulaciones con mayor nota de corte, encabezadas por el 13,325 sobre 14 de Matemáticas y Física (en la Universidad Complutense de Madrid).

Pero aún ofrecen un plus. Al indudable bagaje académico que aporta, cursar dos titulaciones en poco tiempo más de lo que se haría una, se añade un valor añadido, que es lo que hace realmente atractivas estas personas al sector profesional, esa capacidad de autogobierno y gestión. «Un desarrollo de aptitudes tales como organización, administrar el tiempo, priorizar tareas, potenciaciar el pensamiento crítico, saber construir redes de relaciones o incrementar la curiosidad intelectual», enumera Lola Bardají, directora del grado en Derecho y Bachelor in Global de Esade. La misma tesis desarrolla Noelia de Lucas al comparar los dobles grados con la situación de los deportistas de élite que compaginan sus quehaceres con los estudios. Una maduración que se alcanza a través de la convivencia y del manejo del estrés, fundamental en la etapa posterior.

 

Dominio del inglés

La otra gran demanda de las empresas son los grados bilingües. No reclaman titulaciones impartidas en inglés, sino que las universidades exijan el dominio del idioma. Hasta entonces, la directiva de Hays lo califica de «desventaja competitiva».

Parece que la opción de la especialización, de la que tanto se habló durante años, pierde peso en un primer momento para dar paso a unas dobles titulaciones que se han convertido en los valores más cotizados de la enseñanza y más requeridos por el mercado. Aquellos «cuerpos de élite» que eran los E-3, que hace décadas salían formados con estudios en Derecho y en Empresa y que se rifaban las grandes firmas, van a ser la norma que impere en no muchos años, dejando la focalización de un sector más concreto para futuros másteres. Eso sí, se deben cuidar las tasas universitarias, pues si hacer una carrera ha incrementado su precio, dos, más aún.

Y si algo se sabe a ciencia cierta es que la formación nunca resta, por lo que es tiempo de apostar por los dobles. Ya nos lo enseñaron José Sacristán y Antonio Resines a mediados de los ochenta en la búsqueda del amor de Carmen Elías, «Dos mejor que uno».

 

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