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Consejos de carrera

Cómo presentar tu renuncia

Renunciar.jpgEn la sociedad de hoy en día, donde un trabajo ya no es garantía de por vida, tener que presentar una renuncia es algo que muchas personas no saben realmente cómo gestionar. Pero como muchas otras cosas siempre existen maneras correctas e incorrectas de hacerlo.

Al presentar tu renuncia debes hacerlo de la forma adecuada, tanto en la manera en que informarás a tu empleador como en las posibles dudas que puedan surgirte a posteriori.

Renunciar de la forma correcta

En un mundo idílico, renunciar a tu trabajo debería ser un proceso fácil y sencillo. Tu jefe te entendería perfectamente y te apoyaría en tu decisión, comprendería tus necesidades y no se encontraría reacio a facilitarle el proceso. Desgraciadamente, muy pocas personas logran esto.

La forma en que presentas tu renuncia marca un antes y un después en tu carrera. Conseguir las formas adecuadas de llevarlo a cabo puede proporcionarte la suficiente confianza para continuar desarrollando tu carrera profesional, mientras que hacerlo de la forma incorrecta puede llevarla por un camino menos agradable. Después de todo, conseguir una buena referencia al salir de tu trabajo no solo es algo muy valorable, sino más bien vital.

Una vez estés completamente decidido/a de que quieres dejar tu trabajo, la tarea que más te apremia es avisar a tu manager. Una carta de renuncia es la vía formal de comunicar tus acciones ya que actúa como un documento legal con fecha incluida.

Redactar tu renuncia

La forma en que redactes la carta de renuncia depende de las condiciones de tu partida. Un simple comunicado debería incluir los detalles de la persona a quien va dirigida, la renuncia propiamente dicha, la fecha en que quieres que se haga efectiva y tu firma.

Si te estás yendo en buenos términos o realmente lamentas tu partida y dejar a tus colegas y amigos, sería una buena idea añadir una frase o dos extra agradeciendo a tu jefe las oportunidades recibidas y expresando cuánto lamentas irte.

Qué hacer si tu partida se debe a algo negativo

Por otra parte, si tu partida es el resultado de unas malas condiciones, o peor, de unas manas relaciones dentro de la empresa con tu jefe o tus compañeros, puede ser peligroso ser demasiado detallista en tu carta de renuncia.

Mantente al margen de dar demasiada información al respecto y simplemente haz una carta sin demasiada elaboración. Recuerda que tu comunicado tiene como propósito tu renuncia y nada más, no es necesario que entres en conflicto.

Informa a tu jefe

Una vez hayas tomado la decisión y escrito el comunicado, ¿cómo te sientes al respecto?

No es inusual experimentar una gran variedad de emociones. La culpa es por lo general la primera y más común de todas ya que puedes sentir que los estás abandonando. La ansiedad es otra muy común. Para ayudarte a procesar estas emociones es conveniente imaginarte en el momento en que le explicas a tu jefe tu partida, y visualizar sus expresiones y reacciones.

¿Cómo crees que te tratarán durante tus últimos días? ¿Y si intentan convencerte de quedarte? ¿Y si ni siquiera lo intenta? Es común también sentirte triste por tu partida ya que dejarás atrás a muchos amigos y colegas con quienes has compartido el día a día.

La realidad es que la mayoría de las personas se encuentran en tu situación en algún punto de sus vidas, incluido tu jefe. A pesar de haber sido un miembro valioso de tu equipo de trabajo, la empresa no se va a venir abajo porque te vayas. No eres la primera persona en renunciar ni tampoco serás la último, por lo que no te acomplejes al respecto.

Tampoco existe un momento adecuado para renunciar. Simplemente debes utilizar el sentido común y un buen juicio para hacerlo bien:

  • Mantenlo confidencial. Tu jefe apreciará ser el que decida a quién más contárselo, cómo y en qué momento.
  • Encuentra el momento más oportuno para comunicárselo a tu jefe. Definitivamente justo antes de que éste haga una presentación a la junta directiva no es un buen momento.
  • Ten seguro cuáles son tus motivos para irte. Si es necesario, repásalos.
  • Estás en tu completo derecho de reservarte a dónde irás luego de renunciar.
  • Prepárate para una reacción negativa, incluso de enfado. Aguanta el golpe y explica con claridad y sencillez tus motivos para irte. Recuerda que simplemente te estás yendo, el shock inicial pasará luego de un tiempo.
  • Si ves que habrá un período en el que coincidirás con tu reemplazo en el trabajo, asegúrate de decirle a tu jefe que procurarás ayudarle y sentirse cómodo con sus tareas.

Qué hacer si tienes dudas

Si aún no sabes bien qué hacer y la balanza se inclina por quedarte, todavía estás a tiempo de cambiar de opinión. Piénsate tus opciones con detenimiento y no hagas nada de forma apresurada. Pregúntate si el trabajo en el que estás es realmente para ti y si de verdad quieres irte.

Es crucial que estés seguro/a de que haces lo correcto. Puede resultar tentador el prospecto de una contraoferta, pero piensa que tu estrategia puede producir una reacción adversa de tu jefe. La deslealtad, motivarte por el dinero y la indecisión son todas ideas que pueden llegar a cruzarse en su cabeza. Antes de que hagas nada, piensa lo siguiente:

  • ¿Cuáles son los pros y contras de tu trabajo actual? ¿Qué diferencias hay respecto al nuevo?
  • ¿Has intentado mejorar los aspectos que te desagradan de tu trabajo actual?
  • ¿Te irías si te ofrecieran más dinero o ascenderte?
  • ¿Qué te dice tu intuición? ¿Qué te dice tu cabeza? Piensa con la cabeza en vez de con el corazón.
  • Repasa tus motivos para irte. ¿Qué te hace infeliz en tu trabajo? ¿Yéndote cambiarán esas condiciones?

No te dejes influenciar por comentarios sobreprotectores de tus amigos o compañeros como “tienes un trabajo estable” o “no es bueno para tu salud que afrontes tantos cambios”. Tampoco dejes que te afecten comentarios como “no será lo mismo sin ti” o “pensaba ascenderte el próximo año fiscal”. Sé positivo/a y no desestimes tus capacidades. Si tienes metas y ambiciones no permitas que se esfumen por la negatividad de otros. Es importante recordar que el empleado medio trabaja unas ocho horas al día en una oficina, lo que equivale a unas 40 horas por semana, sin mencionar las horas extra.

 

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