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JÓVENES SIN MIEDO AL CAMBIO.
¿EMPRESAS POCO PREPARADAS?

La salida de la crisis ha hecho que los jóvenes pierdan miedo al cambio, lo que ha provocado una movilidad laboral que no se recordaba.

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Escrito por Salvador Sicart el 28 de junio de 2017

“Los jóvenes de hoy en día adoran las cosas lujosas; tienen malos modales y desprecian la autoridad; muestran una falta de respeto hacia los mayores y les encanta hablar allá donde estén”. Esta frase podría atribuirse a cualquier CEO, DG o Responsable de unidad de negocio de cualquier empresa. Sin embargo, quien la pronunció, hace casi 2500 años, fue Aristóteles, casualmente reconocido históricamente como el padre de la lógica. 

La gestión de los llamados Millennials está en boca de todos en la actualidad. Resulta curioso que se le esté dando una entidad tan diferencial, puesto que en los últimos años las características que se les asignan poco han variado. Desde siempre los jóvenes que se suman al mercado laboral han mostrado insolencia, frescura, poco compromiso con la empresa, ganas de aprender y una cierta resistencia a la autoridad. Dos son los factores que, en mi opinión, contribuyen a que se perciba que esa realidad sea más noticiable hoy en día: la situación macroeconómica y el acceso temprano de la población a la tecnología.

De 2010 a 2014 llegamos en España a picos cercanos al 50% de paro juvenil, una auténtica lacra. Fue una época mala para la generación de empleo en general, pero entre los más jóvenes tuvo consecuencias todavía más desastrosas. De la desesperación entre quienes no encontraban trabajo por encontrar uno, aunque malo; y entre los que lo tenían, por no dejarlo aunque no estuvieran desarrollándose como ellos querían. La salida de la crisis ha hecho que estas personas hayan perdido ese miedo, lo cual ha provocado una movilidad laboral que no se recordaba. No siempre de manera acertada, cabe decir, pero esa sensación de libertad ha hecho salir a flote una voluntad general de esas personas en el aprendizaje, la conciliación o la evolución profesional, una realidad que entre los más jóvenes se acentúa por las características propias de esa etapa de la vida.

Esta situación de liberación, falta de miedo o inconsciencia se ha visto potenciada por el dominio que tienen de la tecnología, lo que ha provocado que cualquier voluntad pueda ser satisfecha con inmediatez. ¿Quieres nuevos amigos? ¿Acceder a fotos de tus ídolos? ¿Una cita? ¿Participación en foros de tus hobbies favoritos? ¿Un masaje? ¿Qué alguien te lleve a casa un producto del súper? Cualquiera de estas necesidades o voluntades puede ser satisfecha en minutos o horas. Sin duda un avance lleno de ventajas, pero también merece una reflexión sobre si estamos educando a nuestros hijos y empleados en la resiliencia o en la huida hacia delante. No hay respuesta fácil, y como casi todo en la vida, imagino que en el término medio estará la situación ideal. 

Recuerdo un antiguo trabajador que, con 26 años, renunció a su puesto porque, literalmente, “llevaba 2 meses muy malos”. Respeto que cada uno pueda irse a donde quiera y cuando quiera, pero dudo que esto sea bueno para su aprendizaje. Probablemente si se hubiera quedado, habría experimentado la satisfacción de dar la vuelta a una situación adversa por sí misma, sin duda una de las mayores satisfacciones que uno puede experimentar en su vida laboral. Desgraciadamente lo más probable es que aplique esta estrategia a cualquier problema que tenga a lo largo de su vida.

Como casi todo en la vida, habrá que ir tomando decisiones a medida que los hechos se vayan sucediendo; las empresas también. Es importante que los consejos de dirección preparen planes de acción para atraer al mejor talento, luego retenerlo y posteriormente desarrollarlo. En este mundo en constante cambio, quien sea capaz de hacerlo y adaptarse, triunfará.