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EL PARO JUVENIL:
TODOS NECESITAMOS PONER DE NUESTRA PARTE

En medio de un clima laboral más positivo, al cierre del 2º trimestre de 2017 el 47.6% de jóvenes menores de 25 años españoles está en el paro, frente al 19% de la media de países de la UE. Únicamente Grecia nos supera en este desolador ranking, mientras que los países con mejores números son Alemania, República Checa y Holanda, todos ellos por debajo del 10%.

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Artículo escrito por Salvador Sicart, Director de Hays Response España

Que el porcentaje sea tan alto en 2017, tras la mejora en los últimos 3 años del mercado laboral que ha hecho que el paro caiga a números por debajo del 20%, debería preocuparnos a todos. A los diferentes gobiernos (estatales, autonómicos, locales), al mundo empresarial, al sector académico y, por supuesto, al propio colectivo de jóvenes. Todos, en mayor o menor medida, deberíamos recapacitar y encontrar soluciones a este gran problema. Las consecuencias a corto plazo son evidentes, sin embargo lo peor son los devastadores efectos que tendría para nuestro mercado laboral a medio y largo plazo, sobre todo si tenemos en cuenta lo importante que es la contribución de la población activa actual y venidera para poder hacer frente a las pensiones futuras.

Siempre soy partidario de mirarme al ombligo para ver qué puedo cambiar yo. En este caso, miro al mundo empresarial y me pregunto si estamos haciendo lo suficiente. Obviamente, la respuesta es no. Recientes programas de becas han tenido éxito, ¿los estamos replicando en todos los sectores, ámbitos y lugares geográficos? Decimos que los jóvenes universitarios terminarán los estudios mejor preparados que nunca, pero ¿nos referimos a la teoría o a la práctica? Por experiencia, lo que determina que un joven tenga éxito en su primer empleo son aspectos más competenciales que curriculares o teóricos; ¿quién les prepara para ello? Ya si volvemos la vista atrás, y asumiendo como un despropósito tantos cambios con las leyes educativas desde hace 30 años, ¿no deberíamos asesorar más a los jóvenes de 14-18 años sobre su futuro (no digo guiar, sino informar) para aumentar las probabilidades de que acierten más en su elección?

Mientras esperamos que los gobiernos tomen decisiones más atractivas y valientes para solucionar este gran problema, abogo por un mayor contacto entre el sector empresarial y el educativo como una primera vía para enderezar el rumbo. Creo que los estudiantes necesitan tener más contacto con las empresas al final de sus carreras (si hablamos del mundo universitario), y que debemos formar y desarrollar a estos jóvenes en áreas competenciales (proactividad, trabajo en equipo, resiliencia, resistencia a la frustración) además de en temas teóricos.

Por último, el colectivo joven debe ser consciente de que está en la fase más complicada de su vida laboral, y debe prepararse a conciencia para ella. Informarse, perfeccionar idiomas o ser proactivo en la búsqueda de empleo es sólo el inicio. Lo más importante en esta fase, donde se accede al primer o segundo empleo, es tener una actitud impecable. Ambición, ganas de aprender, no tratar de que el próximo empleo sea el definitivo, ni siquiera elegir sólo en base al primer salario que ofrezcan. Hay que ser listos! Pensad más a medio plazo que a corto: ¿me permitirá esta empresa, este puesto, crecer profesionalmente hacia donde yo quiero ir? ¿Desarrollaré las competencias que quiero desarrollar? Quienes nos dedicamos a ello valoramos más estos aspectos que el CV. Estoy seguro de que si todos los actores ponemos de nuestra parte, conseguiremos mejorar esta situación y contribuir a elevar el nivel de empleabilidad de este colectivo.