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CÓMO LIDIÉ CON UN CAMBIO DE TRABAJO

A 18.000 KM. DE MI CASA (DOS VECES)

De los veinte a los treinta, mi carrera como Agente de ventas y marketing en el sector Automoción progresaba bien, con el paso del tiempo me iba realizando y empezaba a retarme a mí mismo cada vez más. Cuando me ofrecieron la posición de Director en un negocio de selección de personal en Nueva Zelanda no me lo pensé dos veces.

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El cambio supuso tener que viajar de mi casa, en Inglaterra, a Auckland, lo que suponía adaptarme a otra cultura y crear una red de contactos nueva. Sea como fuere, la oportunidad personal y profesional de desarrollo y de cambio de vida fue demasiado tentadora como para dejarla pasar. Desde entonces me he mudado otra vez a Hong Kong, donde el contraste ha sido mucho mayor, y más recientemente a Japón, un país totalmente distinto a lo que había visto hasta ahora.
 
Ha sido ahora cuando realmente he empezado a apreciar los cambios que suponía el volver a cambiar de ubicación en mi carrera profesional. No tardé mucho tiempo en darme cuenta de que mi curva de aprendizaje estaba totalmente en subida.
 

Nunca sabrás tanto como viviéndolo

Confieso que antes de embarcarme en ambas aventuras, pasé un par de noches sin dormir. Crecer profesionalmente y adquirir nuevas experiencias es algo que yo quería, pero, ¿iba a estar preparado para este reto? ¿Cómo iba a adaptarme a las expectativas de mis nuevos jefes, a la vez que a la nueva vida? Sin haber trabajado en Nueva Zelanda, Hong Kong o Japón antes ya tenía una pequeña referencia: “los negocios son los negocios, y los despachos de directores son iguales en todos los lugares del mundo”, pensaba. Mirando hacia atrás me doy cuenta de lo iluso que era. Ya puedes investigar todo lo que quieras, que jamás sabrás tanto como viviéndolo en primera persona.
 
Visto así, ¿qué me enseñó toda esta experiencia, y cómo hice yo para adaptarme y prosperar lejos de mi casa? Aquí están tres de las cosas que más me ayudaron en mi aventura:
 

1. Actitud

Una de las primeras cosas que tuve que recordar en cada momento, antes de llegar al trabajo el primer día, es que la compañía me había ofrecido el trabajo porque me querían dentro y creyeron en mis habilidades. Yo tenía que creer en mí también. Me prometí a mí mismo que no tendría miedo de hacer preguntas.
 
Considera los dos primeros meses en un trabajo como un periodo en el cual no hay nada que se pueda considerar una pregunta estúpida. Este es un buen recurso para desarrollar la relación con tus compañeros, lo cual es crucial si pretendes pasar en ese ambiente un tiempo considerable.
 
No puedes esperar entrar en una empresa y conseguir inmediatamente el soporte de tus compañeros, aunque la gran mayoría estarán predispuestos a ayudarte. Si tienes la actitud correcta, recibirás una cálida bienvenida.
 

2. Comunicar mucho, escuchar más

Yo sabía qué expectativas se tenían sobre mí. Creo en el liderazgo basado en una comunicación clara, pero no quería que me vieran como ese tipo británico descarado. Era importante ser diplomático y mantener las formas siempre, al fin y al cabo no sabía cómo iban a reaccionar ante mis palabras. No quieres ser el chico nuevo que le dice al segundo día a todo el mundo lo que hace mal. Ser un gran líder no solo requiere ser un gran comunicador por tu parte, sino un gran oyente hacia a los demás.
 
Aprendí a no juzgar de forma precipitada a los clientes y compañeros, pero sí a tener presente que habíamos sido educados en diferentes normas y costumbres.
 

3. Mantenerte positivo

No existe promoción que no venga acompañada de un incremento de responsabilidades y expectativas. En mi caso, yo además tuve que lidiar con todo esto separado de mi familia y mi gente. Tuve que ser flexible y adaptarme constantemente en mi experiencia, mientras me mantenía positivo y optimista. Por supuesto, tuve malos momentos, que se multiplican por el hecho de estar lejos de casa, pero una cosa tan difícil como adaptarte a otro país y a otra cultura ahora forma parte de mi carácter y me define. Estas conclusiones lleva tiempo entenderlas, pero a mayores retos, más lejos llega tu mentalidad. Es un concepto que los que se identifiquen conmigo entenderán.
 
Al final, el día a día con las personas con las que compartes ambiente laboral acaban convirtiéndose en mucho más. Para mantener la moral y la motivación a buenos niveles necesitas mantener relaciones positivas en tu ambiente laboral. Las relaciones cercanas en el trabajo impulsan la productividad en un 50%.
 

4. Ampliar tus horizontes

Si tienes la suerte de que te ofrezcan una oportunidad, te recomiendo que te muevas, que te mudes, y que hagas tuyas las nuevas experiencias. Sentir los nervios antes de coger un nuevo trabajo es algo bueno y saludable, y suele ser una señal de que realmente quieres hacerlo. Ya no tengo excusas para no moverme de mi país por trabajo. Y ahora mismo veo las oportunidades desde una perspectiva más libre.